27 de mayo de 2018

Eduardo Gurrucharri: Las Huellas de Rearte y Felipe Vallese en las Memorias Militantes

EDUARDO GURRUCHARRI
Periodista e Investigador
Co-autor de los libros
"Che el argentino" y 
"Pensar a John William Cooke"

“La historia comenzó la noche del 23 de agosto de 1962. Felipe Vallese había salido de su casa (Morales 628, Capital Federal) a las 23 horas y se dirigía por la calle Canalejas rumbo a la fábrica TEA (Trafilación y Esmaltación de Alambres) donde trabajaba, cuando ocho sujetos surgidos de las sombras lo apresaron, lo golpearon con armas largas y lo introdujeron en un Fiat 1100. Vallese tenía entonces 23 años.

En su domicilio, minutos después, cayeron en la redada la esposa de Felipe, Elvia de la Peña, un matrimonio que también vivía allí, Agustín Adaro y Mercedes Cerviño, y el hermano del obrero secuestrado, Ítalo Vallese. La casa fue tomada por individuos que se autodenominaron ‘policías del destacamento del orden y seguridad’, sin exhibir orden de juez ni credencial alguna.

Todos fueron secuestrados y terminaron en poder de la policía de San Martín, donde fueron torturados y vejados. Según parece, el motivo que tuvo la policía para esta intervención, fue intentar averiguar el paradero de  ‘Pocho’ Rearte, a quien se consideraba implicado en el asesinato de dos policías.

La policía de San Martín anunció la detención y la dio como efectuada el 3 de setiembre, bajo los cargos de que Vallese poseía panfletos y libros de propaganda peronista, armas de fuego y una chaquetilla del Ejército.

La tormenta desatada por la desaparición de estas personas cobró fuerza y dos jueces tomaron esos procesos, descubrieron la farsa y declararon falsas las acusaciones, liberaron a los detenidos (salvo a Felipe Vallese) y les devolvieron su honor, pero no al ser querido. Comenzó allí una investigación que recién en 1974 tendría magro fruto.

Tras la libertad de los detenidos se confirmaron las versiones de las torturas a las que fueron sometidos y la trágica suerte que sobrellevó Felipe Vallese.

Las informaciones que han podido anudarse permiten señalar que el obrero metalúrgico estuvo en primer término alojado en la comisaría 1ª San Martín. Después pasó al destacamento policial de José Ingenieros, donde fue objeto de torturas y vejámenes. Por último, se lo llevó a la comisaría de Villa Lynch. Es allí donde se pierde el rastro, pero se supone que murió en una de las sesiones de tortura y su cadáver fue enterrado en un lugar que aún hoy se ignora.

El doctor Rómulo Dalmaroni, a cargo del Juzgado Penal Nº1 de La Plata condenó a 39 policías (en abril de 1971) a penas que iban de los 3 años a los 9, por encontrarse implicados en el caso de la desaparición de Vallese. Recién en 1974 la Suprema Corte de Justicia confirmó la sentencia dictada. A los 39 policías involucrados les costó unos pocos años la vida de un ser humano. Pero la memoria de Vallese estará siempre viva entre los trabajadores. La CGT bautizó con su nombre el salón principal de su sede de Azopardo.”


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