9 de abril de 2017

Martín Baña: Los Ecos de Aquel Octubre Rojo

MARTÍN BAÑA
Doctor en Historia
Investigador del CONICET
Autor del libro "Una Intelligentsia Musical"

El Estado y la Revolución apareció en la naciente República Soviética en noviembre de 1917, tan sólo un mes después de la Revolución de Octubre. El impacto fue extraordinario y en pocos años se tradujo a todas las lenguas del mundo. Es que pocas veces en la historia humana

acontecimientos de la magnitud de una revolución social y la edificación de un Estado de nuevo tipo parecían estar anticipados con tanta clarividencia en la teoría.

Los acontecimientos históricos parecían venir a confirmar la justeza de las tesis leninistas acerca de la política, el poder y el Estado. La teoría parecía haber superado, y con creces, la “prueba de la realidad”. Las tesis de El Estado y la Revolución parecieron inmediatamente refrendadas por la Revolución de Octubre y el nuevo Estado Soviético.

Ahora bien, esta estrecha relación entre la teoría y la práctica nos lleva asimismo a repensar la validez de las tesis leninistas a la luz de la experiencia soviética posterior a la Revolución de Octubre. Nos lleva a preguntarnos en qué medida el modelo de poder soviético que prescribe

Lenin en El Estado y la Revolución tuvo efectivamente correlato con la realidad soviética posterior a Octubre. Isaac Deutscher presentó la distancia entre la norma y la realidad en estos términos:

La maquinaria administrativa que creó tenía poco en común con el

modelo ideal que había soñado en El Estado y la Revolución.

Nacieron un ejército poderoso y una policía política que estaba en

todas partes. La nueva administración reabsorbió gran parte de la

antigua burocracia zarista. Lejos de mezclarse con un “pueblo en

armas”, el nuevo Estado, como el antiguo, estaba “separado del

pueblo y elevado por encima de él”. A la cabeza del Estado se hallaba

la vieja guardia del partido, los santos bolcheviques de Lenin. Lo

que tenía que haber sido un simple para-Estado fue de hecho un

súper-Estado.

Las duras condiciones históricas en que se había llevado a cabo la revolución y en que se desenvolvió en los años siguientes -el carácter atrasado de Rusia, el débil peso del proletariado urbano en el marco de una sociedad campesina, el aislamiento respecto de una revolución que se demoraba en extenderse a Europa, el cerco imperialista, la contrarrevolución armada, la guerra civil-  impusieron otro curso.

La Rusia revolucionaria no podía sobrevivir sin un Estado fuerte y

centralizado. Un “pueblo en armas” no podía defenderla contra los

Ejércitos Blancos y contra la intervención extranjera: para ello era

necesario un ejército centralizado y altamente disciplinado. La

Cheka, la nueva policía política -sostenía (Lenin)- era indispensable

para la eliminación de la contrarrevolución. Era imposible

superar la devastación, el caos y la desintegración social subsiguientes

a la guerra civil con los métodos de una democracia de los

trabajadores. La propia clase obrera estaba dispersada, agotada,

apática y desmoralizada. La nación no podía regenerarse por sí

misma, desde abajo, y Lenin creía que era necesaria una mano fuerte

para guiarla desde arriba, a lo largo de una penosa transición cuya duración era imposible predecir.”

(Fragmento del texto “De la Revolución al Stalinismo: El Leninismo y el problema del poder”, de Horacio Tarcus)

Año: 2017
Cantidad de Bloques: 02

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