15 de abril de 2018

Virginia Croatto: Escenas de Aquella Niñez en “La Guardería”

VIRGINIA CROATTO
Psicóloga
Directora del documental
"La Guardería"

Mis adorados chiquitos:

A pesar de que son chiquitos les quiero contar cómo son las cosas.  

Mamita y papito hace cinco años se incorporaron a la lucha de todo un pueblo.

Una lucha que es muy difícil,  pero que va a tener un hermoso final.

Una patria más linda, más justa, donde ustedes mis chiquitines, van a poder realizarse como hombres y mujeres libres…

Papá y yo pensamos que lo mejor que podríamos dejarles a ustedes era esto.

No una casa y una buena posición económica.

No quiero que piensen nunca, que fue injusto de nuestra parte haberlos incorporado a esta vida. Por favor, no piensen nunca así.

Yo los amo mis niñitos, los amo más que a mi vida, y por ese amor es que sigo adelante, ese amor es el que más fuerza me da.

Para ustedes, mis viditas millones de besos y abrazos, para que los acompañen siempre.

Mamá.

(Audio basado en una carta real incluida en La Guardería ópera prima de la realizadora Virginia Croatto, estrenada el 7 de abril de 2016 en el cine Gaumont de la Ciudad de Buenos Aires).

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8 de abril de 2018

Luciana Bertoia: De Oscuros Represores, Prisiones Domiciliarias y Otros Etcéteras… (Parte II)

LUCIANA BERTOIA
Periodista
Licenciada en Ciencia Política
recibida en la Universidad
de Buenos Aires

“El Posadas es una mole de mármol que se empezó a construir durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón. Lo terminó la Revolución Libertadora y lo convirtió en hospital general otra dictadura: la Revolución Argentina. El 28 de marzo de 1976, los trabajadores del centro sanitario vieron llegar tanquetas y helicópteros. Reynaldo Benito Bignone -el delegado de la Junta en el Ministerio de Bienestar Social- comandó en persona la ocupación del hospital. Lo que siguió fue una seguidilla de detenciones y cesantías para quienes estaban en las listas negras. En su mayoría, eran médicos y empleados que habían peleado por el “hospital abierto” en junio de 1973.

Bignone designó como interventor del hospital a Agatino Di Benedetto, quien estuvo unas pocas semanas hasta que lo reemplazó el coronel médico Julio Ricardo Estéves. Con Estéves arrancó la segunda etapa represiva en el Posadas: la patota, unos hombres de seguridad a los que los trabajadores llamaban SWAT en alusión a una serie televisiva y que aterrorizaban a médicos y pacientes mientras portaban armas por los pasillos.

Nacido en 1954 en Merlo, provincia de Buenos Aires, Muiño era perito mercantil. Rubio, delgado y agresivo. Así lo recordó Marta Chester ante el juzgado de Daniel Rafecas cuando contó que había entrado en su casa el 26 de noviembre de 1976 para llevarse a su marido. Jacobo Chester era trabajador del Posadas como Marta y como lo es hoy Zulema, su hija (…)”

(Cita del texto “Los cruzarás en la calle”, escrito por Luciana Bertoia y publicado en la Revista Anfibia)

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1 de abril de 2018

Luciana Bertoia: De Oscuros Represores, Prisiones Domiciliarias y Otros Etcéteras… (Parte I)

LUCIANA BERTOIA
Periodista
Licenciada en Ciencia Política
recibida en la Universidad de 
Buenos Aires

“Apenas se enteraron de que el genocida Etchecolatz había sido beneficiado con la prisión domiciliaria, los vecinos de ese laberinto de eucaliptus ondulantes, pinos y cipreses les escribieron a Paula Piriz y a Ana Pecoraro, hijas de desaparecidos, para hacer algo. Así se armó volando un grupo de WhatsApp que motorizó las manifestaciones de repudio de este fin de semana.
Durante la del viernes, en pleno acto, Paula alcanzó a ver que una persona (¿una figura fantasmagórica? ¿Era Etchecolatz?), detrás de una ventana les sacaba fotos. El sábado a la tarde, el foco de atención se deslizó desde Tribunales hasta la famosa rambla. Participaron unas 40 mil personas: sumaban 25, 30 cuadras de gente pidiendo que se dé marcha atrás a la decisión judicial y se fije la fecha del juicio por los crímenes el Pozo de Banfield. Una bandera decía: “La única casa para un genocida es la cárcel”."

(Párrafo extraido de “El lobo, en el bosque”, texto de Luciana Bertoia publicado en la Revista Anfibia)

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25 de marzo de 2018

Elizabeth Jelin: Las Luchas por los Sentidos del Pasado (Parte 1)

ELIZABETH JELIN
Doctora en Sociología
Autora del libro
"La lucha por el pasado. Cómo construimos
la memoria social."

“Mientras trabajo sobre este capítulo y vuelvo a leer a Halbwachs, tomo conciencia de que en sus reflexiones, prácticamente no habla de la relación entre memoria y sufrimiento o trauma.

La memoria social es, para él, reforzada por la pertenencia social, por el grupo. Lo individual se desdibuja en lo colectivo. De manera simultánea, empiezo también a leer el libro de Semprún, “La escritura o la vida”. Y muy pronto me encuentro con Halbwachs, el individuo. Semprún relata que, cuando estaba en el campo de Buchenwald, logró quebrar la disciplina y la masificación de lo «invisible» de la experiencia concentracionaria buscando vínculos personalizados. Y encuentra en Halbwachs, su profesor de la Sorbonne que está agonizando en el campo, a alguien en quien depositar los «restos» de su condición humana, visitándolo, hablándole, acompañando su agonía. Cincuenta años después, Semprún lo incorpora a su «memoria». Se juntan aquí las dos puntas, lo individual y lo colectivo, lo personalizado y la destitución de la condición humana en el campo. Y reflexiona: «Era ésta [la muerte] la sustancia de nuestra fraternidad, la clave de nuestro destino, el signo de pertenencia a la comunidad de los vivos. Vivíamos juntos esta experiencia de la muerte, esta compasión.

Nuestro ser estaba definido por eso: estar junto al otro en la muerte que avanzaba [...] Todos nosotros, que íbamos a morir, habíamos escogido la fraternidad de esta muerte por amor a la libertad. Eso es lo que me enseñaba la mirada de Maurice Halbwachs, agonizando."

(Fragmento del texto “¿De qué hablamos cuando hablamos de memorias?”, de Elizabeth Jelin)

Repetición 2017
Cantidad de Bloques: 02

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18 de marzo de 2018

Julio Flores: Cuando el Arte Milita con la Memoria

JULIO FLORES
Artista y Docente
En 1982 mpulsó junto a Rodolfo Aguerreberry
y Guillermo Kexel el "Siluetazo"

“El 31 de enero de 1981, Julio Cortázar se refirió a la desaparición forzada de personas, durante un discurso pronunciado en el Coloquio de París, como “la prolongación abominable de ese estado de cosas (...) que multiplica al infinito un panorama cotidiano lleno de siluetas crepusculares que nadie tiene la fuerza de sepultar definitivamente”.  A 34 años de La Noche de los Lápices, miles de siluetas de papel recorrerán los kilómetros que separan El Pozo de Quilmes y El Pozo de Banfield, centros clandestinos de detención por donde pasaron los estudiantes que luchaban por el boleto estudiantil, secuestrados y desaparecidos en 1976. Será el 16 de septiembre, para reclamarle al Estado provincial que esos sitios sean preservados como espacios para la memoria. Siluetazo es, precisamente, el nombre de la actividad que Hijos Zona Sur organiza en el conurbano bonaerense.

Página/12 reunió a Julio Flores y Guillermo Kexel, quienes, junto a Rodolfo Aguerreberry –fallecido en 1997–, planificaron el primer Siluetazo en 1983 para plasmar la presencia del cuerpo que no está; la ausencia que remite a los desaparecidos durante la última dictadura. Fernando Czarny asistió a esa primera experiencia y también dio su testimonio.

Aunque había sido pensado para presentarlo en una muestra que se realizaría en el Centro Cultural Recoleta, el Siluetazo fue propuesto, finalmente, a las Madres de Plaza de Mayo, días antes de la tercera Marcha de la Resistencia. La representación de la ausencia y el dimensionamiento de 30 mil cuerpos humanos fueron los temas que surgieron en el debate colectivo. Bajo ese concepto, el grupo de artistas plásticos llevó el proyecto adelante, sistematizado a partir del trabajo de Aguerreberry con las plantillas. Flores describe el proceso que desembarcó el 21 de septiembre de 1983 en Plaza de Mayo: “El trabajo nació en tres personas, se derramó al grupo organizador y desbordó en la manifestación”. Las siluetas aparecieron pegadas, al día siguiente, en el interior del país; también en Floresta, Mataderos, Villa Devoto, San Telmo, Belgrano y Núñez. “Tiempo después, la idea, la metodología y las herramientas con las que se trabajaron fueron socializadas por otros actores que lo llevaron a la práctica –admite Flores, decano del Departamento de Artes Visuales del IUNA, que performa un concepto diferente de espectador–. El manifestante se transformó en hacedor.”

– ¿Qué recuerdan del primer Siluetazo en Plaza de Mayo?

G.K.: –Sobre todo, recuerdo que teníamos miedo a que no prendiera la idea y nos quedáramos con las siluetas hechas un rollito; miedo de llegar con la camioneta, los materiales y descargar en la plaza (en 1982, la segunda Marcha de la Resistencia había sido bloqueada con la caballería y la guardia de infantería de la Policía Federal para impedir que los manifestantes y las Madres ingresaran a la plaza). Llegamos a las dos de la tarde, bajamos la primera bobina de papel y vimos que la camioneta se alejaba por Diagonal Norte. Como ninguno de nosotros había caído preso, nos relajamos. Luego, dispusimos las bobinas cerca de las puertas de la Catedral. Del otro lado de la plaza, sobre Hipólito Yrigoyen, los cumpas del Rodo, de Intransigencia y Movilización Peronista habían estacionado un colectivo desde donde descargaron siluetas que llevaron terminadas. En cuestión de minutos, la gente comenzó a tomar las herramientas y fuimos siendo reemplazados hasta que nos vimos paraditos en un cantero. Fue cuando el Rodo dijo: “Muchachos, acá no hacemos falta”.

F.C.: –Recuerdo haber parado a un cana que se abalanzaba contra una madre. Sin ser del grupo, me puse a organizar la autogestión. El miedo que menciona Guillermo llegó a la noche, cuando armamos los listados de la gente que salía a hacer pegatinas en los barrios. Finalmente, la sensación que me quedó fue de absoluta algarabía. Una cosa es marchar y participar y otra cosa es construir. Definitivamente, la propuesta de ellos tres fue que la gente construyera. En el Siluetazo del ’83 la cosa fue más libertaria porque se acercaba la democracia.

J.F.: –Llegué cuando estaba todo armado y me metí a dibujar a mano alzada. Por todo el microcentro, por las diagonales, hacia San Telmo o Plaza de Mayo: todo estaba cubierto de siluetas. Esa idea de totalidad fue, objetivamente, lo que se llamó la Silueteada o el Siluetazo.

Flores recuerda a un hombre que le pidió que dibujara a su hijo. “Cuando terminé el dibujo, el hombre tomó el papel y me preguntó cuánto costaba. Le expliqué que no tenía valor económico, que lo había hecho en el marco de una manifestación política.” El hombre le contó que nunca iba a las manifestaciones, pero que ésa tenía algo especial. “Acá están haciendo a mi hijo”, dijo, y se perdió entre la multitud. Luego, tres nenas se arrimaron para pedirle que dibujara a sus primitos. Flores les preguntó cómo eran. “Cuando se los llevaron eran como nosotras”, contestaron. Una de ellas se acostó en el piso y modeló para la silueta. “Esta idea de que con mi cuerpo ocupo el lugar del desaparecido, del militante, con una acción que también es militante, y esa transposición que construye un símbolo porque falta lo representado fue lo más impresionante que viví en la plaza”, destaca Flores.

– Originalmente, las siluetas iban a estar vacías, pero, durante la marcha, los manifestantes comenzaron a escribir nombres de desaparecidos.

G.K.: –Cuando les llevamos la propuesta, que creíamos totalmente depurada, las Madres tacharon detalles de ropa y pelo. Se negaron a que aparecieran los nombres o que las siluetas estuvieran en el piso, porque eso significaba muerte. Tampoco podían llevar consignas partidarias. Son los manifestantes quienes rompen esas consignas. Entonces, las Madres pidieron que, si se escribían los nombres, debían estar todos. Una persona de confianza fue hasta la sede de Madres a buscar listas con nombres que se tildaron uno por uno. “El loco de los corazones” fue un personaje que apareció de la nada con pintura y un corazón recortado. Donde veía una silueta en producción iba y le pintaba un corazón.

- ¿Y cómo recibió el mundo del arte esa propuesta estética?

G.K.: –Mi insistencia con el cuestionamiento y el debate de si esto es o no es arte pasa por si los que lo definen están dispuestos a aceptar a las miles de personas que participaron. Pero la crítica nunca los consideró. Pasaron los años y, salvo contadísimas excepciones, se hicieron los desentendidos.

J.F.: –No es la ubicación en el espacio o el circuito de arte lo que otorga identidad, sino el valor de producción simbólica que visualiza una idea que, hasta entonces, era una palabra sin imagen. Faltaba la imagen del desaparecido. Esta realización tiene que ser codificada como una herramienta en el campo de lucha, que genera un principio estético, en ese campo, a posteriori. Rodolfo Aguerreberry sostenía que iba a llegar el tiempo en el que cada uno sería artista en tanto produjese proyectos para que los otros, al ejecutarlos, se convirtieran en artistas.

–La actividad de Plaza de Mayo representó un hecho político, pero ¿supuso también una resignificación del espacio público en tanto manifestación estética?

G.K.: –Si damos por ciertos todos los precedentes de la confrontación con la dictadura, en esa puja por tomar la calle como herramienta de lucha, en ese sentido, la Silueteada implica media vuelta de tuerca más. Sólo que nosotros salimos a la calle con los desaparecidos. De algún modo, las siluetas empapelando el frente de la Catedral, el Cabildo o las oficinas de la municipalidad significaban una manifestación callejera extendida. La apropiación del espacio público fue utilizada desde siempre como herramienta de lucha. Lo que ocurrió con el Siluetazo fue un agregado estético, simbólico y ritual que, confrontando con un poder fuertemente armado, tomó la calle.

J.F.: –En la toma del espacio público, las siluetas no estuvieron puestas en un espacio aséptico, donde la pared es blanca o gris, sino que dialoga con la arquitectura de la ciudad. Diálogo que las hace aparecer fantasmales, con una pregnancia muy intensa que duele y lastima. Aparecían de un modo tan irritante que durante la manifestación, desde un auto sin identificación, bajaron a arrancarlas creyendo que las siluetas los estaban mirando. Por otro lado, la manifestación asumió el total de las funciones que se tienen en el circuito de arte. Prescindiendo de la galería o el museo, actuó en el espacio público. Eso fue lo que le dio potencia. Por eso, no queremos que el trabajo vaya fraccionado a un museo o una galería. Eso hace que los demás sientan que pueden usarlo tantas veces como sea necesario.

F.C.: –Cuando se organizó el Siluetazo en Plaza de Mayo quedé alucinado del poder que me generaron las siluetas. Te daba una vitalidad tremenda, sentía como si hubiera tomado vitaminas (risas). Sentíamos que estábamos destruyendo la dictadura.”

(Adrián Pérez: “Faltaba la imagen del desaparecido”, en: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/115266420100906.html)

Repetición 2017
Cantidad de Bloques: 02

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2006 - 18 de Septiembre - 2017 / 11 AÑOS BUSCANDO A JORGE JULIO LÓPEZ

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