2 de diciembre de 2018

Diego Sztulwark: Sus Conversaciones con Horacio Verbitsky

DIEGO SZTULWARK
Escritor 
Autor del libro
"Vida de Perro"

“Me encaminaba a nuestro primer encuentro. Marzo de 2016. En esa conversación me interesaba hacer la genealogía del método de investigación política de Horacio Verbitsky. Las preguntas que llevan a recuerdos biográficos son inevitables para suscitar una reflexión sobre esos inicios. Su familia, hijos del Yddishland, pequeña burguesía intelectual de las afueras de la ciudad. Su infancia durante el primer peronismo. El secundario, en el tradicional Colegio Nacional de Buenos Aires, próximo a la Plaza de Mayo, desde la que presenció los bombardeos de 1955. Sus comienzos en el periodismo, en la lectura, en la escritura, en la conversación con amigos. Su paso fugaz por la carrera de Sociología de la UBA. Me gustaría pasar de sus años de formación al primer contacto con Rodolfo Walsh. Y una vez allí, preguntar cómo comenzó su militancia política. Cómo era su modo de trabajo. Cómo era el de Walsh. Cómo se fueron organizando, entre ellos y con sus respectivos colectivos, en sucesivas tareas. Walsh venía de Cuba, era quince años mayor que él. ¿Qué aprendió de él? ¿Prensa Latina fue una inspiración importante? ¿Cómo circulaban entre ellos los nombres de John William Cooke, Jorge Masetti, el Che Guevara? ¿Cómo se trabajaba en el Semanario de la CGT de los Argentinos? ¿Cómo vivió durante esos años la relación entre periodismo y política?

En esto intentaba ocupar mi cabeza, en medio del tumulto matinal de un vagón repleto del subterráneo Línea B, rumbo a Leandro N. Alem, cuando vi en mi teléfono que la revista Play Boy anunciaba un reportaje a Horacio Verbitsky. Imaginé que muchos lo estarían leyendo. La nota era eficaz: situaba al Perro en el poskirchnerismo. Me pregunté si sería el fin del gobierno de Cristina lo que  lo había decidido a dar entrevistas. La foto de su oficina que ilustraba la nota no lograba captar la atmósfera de intimidad, de aislamiento y de trabajo en la que conversaríamos luego.

Llegué a la hora convenida, y Horacio unos minutos más tarde, mochila al hombro. “¿Se te hizo temprano?”, saludó. Nos acomodamos -agua y café- y nos adentramos por dos horas en los comienzos.”                                                                                                  
(Fuente: Verbitsky, Horacio – Sztulwark, Diego: Vida de perros; Balance político de un país intenso, del 55 a Macri. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentinos, 2018, pág. 27)

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25 de noviembre de 2018

Mariana de Gainza: ¿Cuándo la Derecha Comenzó a Ganar en Brasil?

MARIANA DE GAINZA
Doctora en Filosofía
e Investigadora del 
CONICET

"Hay diversas retrospecciones que podrían ser hechas para tratar de comprender lo que ocurre hoy en Brasil. Una de esas retrospecciones nos remite a junio de 2013, el mes recordado por las manifestaciones que expresaron un malestar relativamente extendido con el gobierno de Dilma Rousseff. Quisiera resaltar algunos elementos pertenecientes a aquel escenario, sin el cual la situación de hoy no termina de entenderse.

El 6 de junio de 2013 ocurrió la primera de una serie de manifestaciones, impulsada por el movimiento Passe Livre en São Paulo, en protesta por el aumento del pasaje del transporte público. Esa manifestación se replicó a los pocos días, y se extendió por todas las grandes ciudades brasileñas, reuniendo a millones de personas. Las protestas en las calles brasileñas comenzaron como expresión de la insatisfacción de juventudes de izquierda con las condiciones de vida (el transporte, la educación, la salud) en las ciudades y en sus periferias pobres, como expresión de un deseo de ampliación de la democracia; señalando la contradicción entre la existencia palpable de esos problemas sociales irresueltos, y la orientación de inversiones y fondos públicos a la organización de los megaeventos deportivos –el mundial de fútbol, las olimpíadas– que iban a tener a Brasil como sede (“queremos una educación modelo FIFA”, era una de las consignas).

Pero esas manifestaciones multitudinarias transformaron rápidamente su composición, su estilo y su contenido, convirtiéndose en manifestaciones de clases medias urbanas “indignadas” por la corrupción. La transformación del tono mayoritario de las protestas puede ser indicado a través de un contraste puntual: el 17 de julio de 2013 ya no se manifestaba en la Avenida Paulista el malestar de una sensibilidad de izquierda o democrática, sino un sector fuertemente corporativo y elitista: los médicos, que protestaban contra el programa “Mais Médicos”, lanzado por el gobierno de Dilma como respuesta a las demandas relativas a la salud pública que se habían escuchado en junio. La contratación de médicos cubanos que trabajarían con medicina social en las regiones más pobres del país suscitó la indignación de ese sector de profesionales muy bien pagos, en cuyas consignas resonaron las palabras asociadas con un anti-comunismo genérico, que luego impregnaría al conjunto de las manifestaciones contra el gobierno del PT.

Esta primera escena, entonces, pauta una división en las calles, donde en el traspaso del protagonismo del movimiento Passe Livre al movimiento Brasil Livre comenzaron a aparecer todos los temas y obsesiones de ese anti-populismo global (que grita contra los vagos que no quieren trabajar, contra los que reciben planes sociales, contra los que se roban la plata de “nuestros impuestos”), que derivaron en los pedidos de destitución y los cacerolazos, hasta el surgimiento de pequeños grupos que pedían un “golpe militar” para ordenar el país y acabar con la corrupción. Y si bien esa secuencia es incomprensible sin la retroalimentación que se produjo desde los medios y las redes sociales, la novedad que la derecha política supo percibir fue que los “indignados” constituían una base y una fuerza sobre la cual apoyarse en la lucha por el viraje hacia una profundización neoliberal."

(Nota Completa: http://revistaanfibia.com/ensayo/el-dia-que-la-derecha-comenzo-a-ganar-en-brasil/)



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18 de noviembre de 2018

Enrique Martínez: ¿Qué es la Democracia Económica y la Economía Popular?

ENRIQUE MARTINEZ
Ingeniero Químico
Coordinador del Instituto
Para la Producción Popular

“La pobreza y la desigualdad recrudecen con los gobiernos neoliberales, pero no se superan con los gobiernos populares, a pesar del esfuerzo por aplicar políticas para los sectores postergados. Desde 1974, cada nueva crisis económica achica el salario real y en las últimas décadas la brecha social aumenta. El ciclo se repite y deja la sensación de que no se puede hacer otra cosa. Frente a este panorama,  el ex Presidente del INTI, Enrique Martínez, plantea en “Ocupémonos, del Estado de Bienestar al Estado Transformador”, un camino diferente mediante la participación masiva, con instancias de deliberación, consenso e implementación. Un proyecto de país en el que se abandone la idea del liderazgo salvador del “Síganme” y el asistencialismo del “dame” para abrir un nuevo camino de una comunidad que se ocupa de sus necesidades acompañada por la estructura estatal.

Uno de los ejes centrales de “Ocupémonos” es la demostración de que el Estado de Bienestar ha fracasado y para hacerlo toma los resultados de las políticas para superar la pobreza de un país del Primer Mundo como los Estados Unidos (desde el New Deal hasta la War on Poverty, de Lyndon Johnson) y le dedica un capítulo a un pormenorizado análisis de los límites que encontró el kirchnerismo en sus políticas productivas y  sociales.

La demostración de que el capitalismo no tiene “rostro humano” y de que las políticas neoliberales agudizan las desigualdades, llevan a Martínez a proponer una salida alternativa al capitalismo, pero que puede convivir con ese sistema y generar trabajo en la base social a partir de atender demandas sociales mediante la autogestión de los trabajadores, orientada y apoyada desde los ámbitos estatales, y amparada por una reforma constitucional que reconozca sus derechos económicos."


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11 de noviembre de 2018

Mariana Luzzi: Hablemos del Dólar, Un Número Cargado de Sentidos

MARIANA LUZZI
Doctora en Sociología
Su área de interés se centra
en la Sociología Económica
y la Sociología del Dinero

“¿Por qué tantos argentinos quieren comprar dólares? parece ser la gran pregunta de la hora. A lo largo de las intervenciones que poblaron los diarios y los debates televisivos en el momento de la instauración del “cepo” dos argumentos diferentes (pero no siempre opuestos) fueron delineados. Por un lado, aquel que señalaba la búsqueda de dólares como un modo de “respuesta racional” frente a la persistencia de la inflación, en un país que ya había conocido períodos de alta inflación e inclusive dos hiperinflaciones en 1989 y 1990. 

En un contexto en el que la moneda nacional perdía valor, “refugiarse” en una moneda fuerte como el dólar era postulado como una respuesta “normal”. Por otro, aquel que sostenía que la preferencia por el dólar no podía explicarse en términos económicos, sino que era un “problema cultural”. En una coyuntura internacional en la que la moneda norteamericana perdía valor, y mientras existían alternativas de inversión más rentables que la “apuesta al dólar”, buscar dólares no podía ser visto como “racional”. Era entonces, para quienes defendían esta perspectiva, un rasgo cultural de los argentinos. Ambas hipótesis se vuelven líneas de fuga para enfrentar la mentada excepcionalidad argentina. Pensar una alternativa frente a ellas sugiere reponer la política.”

(Cita del texto “La moneda contra el estado” de Ariel Wilkis y Mariana Luzzi publicado en Revista Anfibia)

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4 de noviembre de 2018

Patricia Salatino: El Arte del Filete, Una de las Manifestaciones del Arte Público

PATRICIA SALATINO
Antropóloga
Participa en el grupo de muralismo
"Fileteadores del Conurbano

“El filete porteño es una técnica pictórica que en su momento de surgimiento era practicada como oficio. Se desarrolló en la ciudad de Buenos Aires desde comienzos del siglo XX, logrando alcanzar una notable visibilidad en el espacio público hasta mediados de la década de 1970, cuando comienza a disminuir su demanda. Inicialmente se usó para decorar carros tirados a caballo y luego se trasladó a camiones y colectivos, de manera que muchos fileteadores fueron empleados permanentes de las carrocerías. Otros también hacían trabajo de letras publicitarias en carteles y vidrieras. El oficio se transmitía trabajando, bajo la relación de maestro-aprendiz.

Quien solicitaba los servicios del fileteador era otro trabajador urbano, que buscaba imprimirle un sello personal a su vehículo o comercio por lo que pedía la inclusión de frases –generalmente escritas en lunfardo–, íconos religiosos como la Virgen de Luján o ídolos populares como Gardel y Evita, con los que se identificaba. De manera que el filete fue un verdadero medio de expresión colectiva asociado al mundo del trabajador, que sumado al hecho de ser un estilo pictórico desarrollado como oficio, se consolidó como un elemento distintivo de la cultura popular porteña, evolucionando al compás del crecimiento urbano.

En el año 1970 los artistas plásticos Nicolás Rubió y Esther Barugel se propusieron llevar el filete a una galería de arte, ofreciendo una mirada controvertida de este viejo oficio. En un libro publicado con ayuda del Fondo Nacional de las Artes, relatan los inconvenientes sorteados para dar con los fileteadores y convencerlos de participar de la exposición como del esfuerzo que debieron hacer para conseguir una galería que accediera a exponer tablas de carros fileteadas. Asimismo dan a conocer los resultados de la única investigación desarrollada hasta ese momento sobre los inicios y expansión del filete acompañada de cuantiosas fotografías a color, motivo por el cual actualmente los fileteadores y fileteadoras lo consideran la “Biblia del Filete”.

En dicho libro, transcriben lo que Carlos Carboni, uno de los grandes maestros fileteadores, dijo el día en que se inauguró la exposición: “Me asombra que la gente se asombre de lo que hasta ayer no le asombraba”, dando cuenta de lo “invisible” que era esta expresión artística para los cultores del arte consagrado por la crítica y el mercado.

Sin embargo, mientras ganaba espacio en el circuito del arte, lo perdía como oficio. Con la prohibición de la tracción a sangre en la década del 60 y del uso del filete en los colectivos en el año 1975, se perdió uno de los soportes de mayor visibilidad en el espacio público, produciendo la impresión en los ciudadanos porteños de que el oficio de fileteador había desaparecido, al tiempo que efectivamente el fileteador perdió una fuente importante de trabajo.

No obstante, muchos siguieron practicando el oficio sobre carteles, vidrieras y camiones, mientras que algunos lo empezaron a desarrollar como arte de caballete. Tal es el caso de Martiniano Arce, quien colaboró en obras realizadas por Antonio Berni.”

(Fragmento del libro “Pensar la Cultura Pública. Apuntes para una Cartografía Regional”, escrito por Mercedes González Bracco, Patricia Salatino Liliana Mazettelle y Nélida Barber. Ciudad Autónoma de Buenos Aire: Ministerio de Cultura de la Nación, 2015)


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2006 - 18 de Septiembre - 2018 / 12 AÑOS BUSCANDO A JORGE JULIO LÓPEZ

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